EL AUGE DE LA BIG DATA Y SU INFLUENCIA EN LOS BANCOS

dt.common.streams.StreamServerTenemos el privilegio de asistir a una nueva revolución económica que va a transformar, de manera notable, nuestras vidas y la manera de generar valor en los procesos productivos. El origen de esta revolución está en el desarrollo de la llamada economía de los datos (data economy). Los datos, esa nueva commodity que, como en el pasado fue el petróleo, es objeto de deseo de muchas empresas, son hoy en día la moneda con la que pagamos servicios que ingenuamente creemos que son gratuitos, tales como las búsquedas en Google, las noticias en Facebook o las ágiles entregas de Amazon. Generamos datos continuamente, no importa si vamos conduciendo, corriendo o estamos sentados viendo la televisión. Pero, además, también los generan los objetos que nos rodean. Un coche de conducción automática generará a futuro entre 2 petabites y 100 gigabites por segundo. Sí, muchísimo. En el mundo del internet de las cosas, los edificios, los electrodomésticos, los móviles e infinidad de equipos tecnológicos conectados generan datos sobre nuestro comportamiento, preferencias y necesidades potenciales de manera continua.

Muchos podría preguntarse si esto realmente es una gran novedad, pues ya se sabía de la abundancia de datos e información. Pero sí lo es, porque hasta hace poco la información disponible apenas se había tratado para extraer valor y conocimiento. La nueva ola tecnológica de big data está cambiando esto. Lo que caracteriza al nuevo entorno son las conocidas como cuatro uves: volumen, velocidad, variedad y valor. Hablamos de tecnologías o herramientas capaces de manejar enormes volúmenes de datos, de diferente fuente y naturaleza, a elevada velocidad, para extraer de ellos el máximo valor posible. Todo ello a fin de adaptar mejor el producto o servicio a la experiencia que los clientes tienen con él. Este tipo de procesos, no estaba al alcance de las tecnologías de explotación de datos tradicionales. Hasta la fecha, los datos estaban ahí, pero no se aprovechaban en todo su potencial.

Por último, la aparición de más actores en el desarrollo de tecnologías aplicadas al negocio financiero (las nuevas fintech, en contraposición con las fintech tradicionales que serían los bancos), y en particular de las tecnologías big data, promete generar el ecosistema apropiado para que el círculo virtuoso de la innovación se ponga al servicio de los clientes bancarios. Lejos de lo que algunos puedan pensar, los clientes digitales van mucho más allá de los mileniales, y los bancos lo saben. Las nuevas tecnologías se extienden con extremada rapidez. En España, por ejemplo, más de un 80% de la población adulta tiene un smartphone, esto es, un banco móvil en sus manos. Aunque todavía no todo el mundo lo usa como tal.

Los nuevos entrantes enriquecen el ecosistema fintech generando oportunidades para la banca. Esto es así porque su capacidad para descubrir y poner a prueba nuevas tecnologías mejor adaptadas al cliente puede combinarse exitosamente con la capacidad de la banca para llegar a un número amplio de clientes sobre la base de la confianza que siempre ha prevalecido en este negocio. Este proceso, con nuevos actores y nuevas herramientas, va a ayudar, no cabe duda, a que la banca progrese, se haga más eficiente y se dirija mejor al cliente.

En 1994 Bill Gates hizo la provocadora afirmación de que, en el futuro, los servicios bancarios seguirían siendo necesarios, pero no así los propios bancos. Sin embargo, ya ha pasado tiempo desde entonces y los bancos siguen aquí. Y en parte es así porque la banca no está observando desde la barrera las nuevas tecnologías. Por el contrario, la incorporación de soluciones basadas en innovaciones disruptivas como las que hoy en día están apareciendo (big datablockchain, inteligencia artificial / machine learning, computación en la nube…) es clave y protagoniza la estrategia bancaria de un número creciente de entidades.

La banca necesita continuar innovando, abrazar la revolución digital y descubrir nuevas fórmulas que mejoren la experiencia de sus clientes. El reto es inmenso, pero está a la altura del beneficio que este cambio puede aportar a la sociedad.

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